¡Pippi Langstrum, allá voy!
Jueves, 11 de Junio de 2009O no. Quién sabe. Pero me han escrito de una agencia literaria sueca pidiéndome un ejemplar del Bruno alemán (no tienen lectores de español) para hacer un informe.
Esto suena muy glamouroso, pero que naide se llame a engaño. Los suecos no han oído hablar de mi libro, ni se han sentido impresionados por el volumen de ventas que he logrado en España y Alemania. Los suecos han sido incordiados de forma inmisericorde. En concreto, por mí.
Hace unas semanas, mi revista me envió a Mariefred, un pueblecito cercano a Estocolmo, a entrevistar a una autora de novela negra que acaba de ser publicada en España. Mariefred, por cierto, es el pueblo donde se rodó buena parte de “Pippi Calzaslargas”, así que el título de esta entrada está bien traído al máximo. La autora en cuestión, Asa Larsson, resultó ser una señora de lo más agradable, habladora, reflexiva y con un toque de timidez bastante encantador. Tras la entrevista, cenamos todos juntos: la jefa de prensa de la editorial española, otro periodista, Asa, una amiga suya que quería practicar español y la agente literaria de la autora.
A estas alturas del mambo, no salgo de casa sin un fajo de los marcapáginas que me regalaron en la Brunofiesta y estoy adquiriendo mucha soltura a la hora de sacar a colación la bonita y pretenciosa frase “Yo también he escrito un libro”. Bueno, la verdad es que en esta ocasión sucedió con bastante naturalidad y, sorprendentemente, la agente de Asa manifestó cierto interés por Bruno. Me dio su correo electrónico y me pidió que le mandara algo más de información.
Al volver a Madrid me encontré con el habitual torrente de trabajo atrasado, así que tardé unas semanas en hacerlo. Por cierto, me he dado cuenta de que estoy preparadísima para la promoción internacional: tengo dos capítulos en inglés, un resumen de personajes, una sinopsis completa del libro… Le mandé todo y no pensé mucho más en el tema, porque me parecía bastante remota la posibilidad de que siguieran interesados.
Pero anteayer recibí un correo de la agente sueca en el que me pedían el susodicho ejemplar, para que un lector les hiciera un informe. ¡Yupi! Puede que de todo esto sólo saque un informe de lectura, pero, oye, la ilusión no me la quita nadie y tampoco me viene mal contar con una nueva opinión profesiona (y escandinava) sobre Bruno. ¡Suecos, en los 60 nos invadisteis sin piedad! ¡Ahora llega nuestra revancha!
Y, en un orden de cosas totalmente diferente, he de confesar que ya no soy sólo creadora de arte: ahora también soy objeto de ese arte. Arte del fino, quiero decir. Del que se hace con plastilina.
Un amiguete me ha regalado esta bonita escultura realizada por un plastilinista. ¿A que es estupenda? ¿A que vosotros tampoco sabíais que existían plastilinistas? Tengo que buscarle una urna para protegerla de las garras pecadoras de la gata y de los dedos pecadores de Nico, que ya le ha implantado una huella dactilar para la posteridad.
PD. Hacía mucho que no revisaba la opinión que tiene Espaciolibros de mí. A algunos lectores les agradará sabr que nací en 1930, fui la primera catedrática de guitarra del Conservatorio de Valencia y que me convertí en una insigne compositora e intérprete.

