Bruno en su rincón
Acabo de reencontrar esta foto que me hizo Bego en la Feria del Libro y me ha hecho gracia porque se ve el rinconcillo que tenía en la caseta. A saber: escalerilla de las pequeñas para sentarse (el taburete que tenían era muy bajito), botellita de agua para combatir el calor, montañas de libros de la editorial (cada pocos minutos me tenía que levantar para que rebuscaran algún título concreto) y chucherías temáticas. Aquel día llevé caramelos del vampiro y dentaduras de gominola y los caramelos tuvieron mucho más éxito: estaban en esa bolsa vacía que se ve sobre el mostrador. Descubrí que el soborno es una eficaz estrategia de márketing; y también que ojos de cordero degollado que pueden poner algunos niños son la mejor manera de que les des caramelos aunque no tengan la menor intención de comprar el libro. Otra cosa que también se ve en la foto es la inmensa euforia de la autora novel que, ¡oh, Zeus!, está firmando y casi ni se lo cree.

30 de Septiembre de 2008 a las 15:44
Ja! y yo me quedé sin caramelos!
Aunque fue genial estar allí, con caramelos o sin ellos.
Besetes!
3 de Octubre de 2008 a las 3:31
¡Y yo os lo agradecí mucho! Obe y tú sois magníficos, los dos. La experiencia fue alucinante. Y la próxima vez iré mejor provista de chucherías.